Tenemos un arma muy poderosa en nuestra boca, es una herramienta que construye pero si no sabemos usarla puede derrumbar todo aquello que amamos. Esto nos recomienda el apóstol: No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala sino sólo la que sea para edificación según la necesidad del momento para que imparta gracia a los que escuchen. Dios quiere que de nuestra boca salgan solo palabras de edificación.