Vivimos en una época donde parece que las voces no tienen fin, y en nuestro interior también hay voces, nos animan o hunden, el problema es a quién vamos a escuchar, pero nuestra madurez espiritual no se mide por lo que hablamos sino por lo que afinamos de nuestro oído para escuchar la voz correcta. El buen pastor sigue hablando pero ¿Lo estamos escuchando?