Constatamos con lástima cómo, en este nuestro querido país, cualquier cuestión a debate, que al fin es lo que mantiene viva nuestra democracia, cualquier tema sobre el que hallar una solución, encuentra su sitio en la controversia. O, dicho de otro modo, que ante los retos que inevitablemente nos plantean los cambios sociales, en lugar de salir al campo común con la calma de quien busca soluciones, en lugar de tratar de encontrar salidas en el consenso, tendemos a echar la culpa a “los otros”; en vez de un análisis objetivo del problema planteado, nos da por bombardear las posiciones de nuestro oponente desde nuestra rígida trinchera. Tal es el caso de temas tan básicos como la educación… también la familia.