Cuando tenemos un problema, o cuando lo tienen nuestros amigos, o nuestros hijos, la impaciencia por encontrar la solución nos incomoda. Queremos resolverlo de inmediato, fácilmente y de manera definitiva. Pero la solución, frecuentemente, es un proceso largo, complejo y doloroso que cuesta recorrer hasta llegar al final. Tiene avances lentos y acelerados, detenciones, algunos retrocesos y movimientos en zig zag. Las soluciones no avanzan como las balas.