Decía un filósofo griego del siglo I, Epicteto: “Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza”. Si solo nos amarra a la vida un ancla, cuando ésta se suelta, nos vamos a la deriva.
Es lo que experimentan los padres que ponen toda su energía en la crianza de los hijos, descuidando la vida matrimonial. Cuando el nido se queda vacío, se sienten completamente perdidos. También es el problema de aquellas parejas que inician una relación romántica fusional, olvidándose de compartir tiempo con la familia y los amigos. Si el amor se acaba, se hunden en la soledad.