Llevamos ya más de un año usando esa molesta mascarilla que nos protege del contagio, pero no solo nos protege sino que se ha llevado algo muy preciado, los besos.
¿Dónde están los besos que se daban por la calle? Esos que demostraban y ponían al descubierto el amor entre dos personas. Aquellos que los mayores daban de forma fugaz, los jóvenes de manera apasionada, y los niños inocentemente.