Pues sí, seguimos con un poco de etimología, porque las palabras esconden conceptos, y cuando se pervierten, también se corrompe la realidad.
Hablamos primero de con-centrar. Concentrar como el ejercicio personal de “centrarse”, de poner equilibrio a nuestra vida. Pero no de un modo egoísta , apartando a los que nos rodean de nuestras decisiones. Pararse y reflexionar, aunque con la gente que nos acompaña en nuestra mente.
Centrarse teniendo en cuenta las demandas de cada uno, jerarquizando entre unas y otras, priorizando aquellas que son de veras necesidades y las que pueden esperar (incluso ser obviadas porque suponen solo una “pataleta”).