Vivimos acelerados. La prisa lo preside todo. Estamos en una lucha constante en ganar tiempo al tiempo: lo que antes tardaba minutos ahora lo queremos tener en segundos. Anhelamos internet más potente, móviles con más capacidad y rapidez. En el trabajo se nos exige que lo tenemos que hacer “para ayer” y cuanto antes lo hagas, más te valoran.
Pero había que preguntarse, con lógica desazón: ¿Sabemos hacia dónde vamos con tanta prisa? Nos levantamos con prisa, conducimos con prisa, estudiamos con prisa, hacemos una cosa tras otra de forma tensa y acelerada ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Somos así más felices?