A menudo, compartimos con alguien cercano un problema personal, una situación que nos angustia, un conflicto que nos cuesta resolver y esperamos de la otra persona una reacción de empatía, acogiendo nuestras emociones y expresándonos su afecto con un gesto de cariño, por ejemplo, un abrazo. Nuestro único objetivo es desahogar nuestro malestar.