Imagina que en la puerta de tu casa tienes un hermoso jardín con plantas variadas y hermosas flores que cultivas con primor. Estás cada día pendiente de la humedad del césped, de arrancar las malas hierbas, de podar los arbustos. Contemplar tu jardín te aporta una satisfacción especial.
El jardín es una metáfora de tu propia vida, de los valores que cultivas: el cuidado de la familia, el esmero en el trabajo, el esfuerzo por seguir formándote, la vida de pareja, el tiempo dedicado al deporte o a compartir con los amigos, la espiritualidad vivida con profundidad y sentido… Es cierto que los valores exigen un compromiso cotidiano, pero, cuando observas sus frutos, sientes el sano orgullo de las cosas bien hechas y aumenta tu autoestima.