Este Domingo de Resurrección, en el que la Vida se abre de nuevo camino en medio de la oscuridad, nos conecta con el proceso de maduración humana.
Hay etapas más o menos largas de nuestra existencia en las que el horizonte se oscurece, nuestro mundo de valores se tambalea, el malestar interno nos invade y nos sentimos tristes, sin motivación. Sin saber muy bien cómo, hemos entrado en depresión. Aunque nos gustaría volver a ese estado previo que ya no nos pertenece, el sufrimiento emocional es una señal que nos invita al crecimiento, a superar la etapa anterior.