En torno a la infancia, circulan muchas teorías, muchas formas de entenderla. Muchos mitos que condicionan los modos de tratarla.
Desde un pensamiento tradicional, la niñez constituía una etapa de tránsito, una época de aprendizaje para alcanzar la edad adulta. Los niños eran tratados, en consecuencia, no como un “en sí”, sino como proyectos de futuro. No eran sino “en función de”, su existencia estaba supeditada a la adquisición de destrezas y conocimientos con vistas a la vida profesional y madura. El niño era un árbol que, debidamente abonado, podado y enderezado, daría sus frutos.