La vida está llena de pequeños placeres que podemos disfrutar: un buen menú en compañía de amigos, gozar de una obra de arte, emocionarse escuchando una canción, contemplar las olas del mar mientras sentimos el calor del sol, abrazar a otra persona en intimidad…
Son placeres que nos llenan de energía, que elevan nuestro espíritu, que generan bienestar y ganas de vivir. El placer nos conecta con nuestro mundo de necesidades, es respetuoso con nuestras emociones y nos saca de una dinámica de constante esfuerzo.