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Son los dos verbos del momento. Y bien conjugados, además. Insultar y fastidiar parece ser que se están convirtiendo en los reyes del lenguaje actual.
El caso es fastidiar. El caso es poder insultar. Lo que se pretende es que el otro se sienta incómodo, molesto, irritado o aturdido. El caso es hacer ver que hemos sido capaces de incordiar. El caso es que para cultivar esta habilidad hace falta ingenio, que digo yo, que bien se podrían dedicar esas energías en ayudar y agradar a los demás.
¿Cómo se puede evitar esta dañina actitud que hace la convivencia incómoda y dolorosa? ¿Cómo se puede cultivar la actitud contraria, que se asienta en la bondad y la empatía? Santos Guerra nos invita a reflexionar con algunas propuestas