La advertencia sonó muy clara por la megafonía de la estación: “Se ruega a los señores pasajeros, por su propio interés, que no dejen sin vigilancia sus pertenencias” Más tarde tienes que pasar el control de seguridad y, lo mismo que en museos, instituciones, tienes que colocar tus pertenencias en la cinta con cámara, desprenderte del reloj, del cinturón. Luego, en el tren, se repitió el aviso a la prevención. Claro, vas tan tranquilo y se te despierta el sentido de la alerta. Desconfías de todo y de todos. Bien es verdad, que existen espabilados en todas partes, pero de ahí a sembrar de miedo todas nuestras acciones va un abismo. Vivimos imbuidos por la desconfianza hacia los demás.