No hace mucho leía un artículo sobre los populismos, y de qué estrategias se servían para habituarnos a sus mensajes. Mensajes que al principio nos parecen absurdos, brutales… pero que con el tiempo vamos incorporando a nuestros esquemas mentales solo porque los oímos infinidad de veces. El autor de dicho artículo hablaba de “acostumbrarnos al mal olor de una habitación” a los quince o veinte minutos de haber entrado, cuando al principio nos parecía un hedor insufrible. Así es la capacidad humana de adaptación, para bien y para mal…