Cuando la artista Rosalía sacó el disco «El Mal Querer» tocó la cima de crítica y público al inventar un lenguaje musical con base flamenca. Su propuesta fue tan exitosa que todos esperaban que ese fuera su estilo en el siguiente álbum.
El desconcierto llegó en su segundo disco «Motomami»: un cóctel desenfadado y difícil de entender. Buena parte del público y audiencia coincidieron en su valoración: “Rosalía ya no es lo que era; ha perdido su esencia…” Independientemente de que el nuevo disco nos parezca sublime o una horterada (sobre gustos no hay nada escrito), lo interesante es que esta artista, lejos de instalarse en un espacio musical conocido, ha preferido seguir explorando los límites de la creación artística, tratando de permanecer inmune a la lluvia de críticas.