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Description

La imagen de miles de jóvenes celebrando el fin del estado de alarma, estigmatiza en ellos la expansión de la pandemia. Si algo caracteriza la adolescencia y la juventud es una rebeldía generalmente egoísta porque busca el placer propio, más allá de consideraciones sociales. Hecho que olvidamos cuando nos asalta la indignación ante unas celebraciones de rebaño que reflejan una inconsciencia que pude afectarnos a todos. Imágenes que hablan también de impunidad por la dejadez de las autoridades públicas para exigir el cumplimiento de las aún necesarias restricciones, que pone en duda el propio principio de autoridad; hecho tan grave como la propia celebración. Aclarado esto, no debemos meter en el mimo saco a toda la juventud por unos miles que no saben embridar su deseo de celebrar olvidando que el Covid sigue aquí. Ni que la rebeldía, generalmente desnortada a esas edades, es un trance por el que hemos pasado y seguirán pasando todas las generaciones. Ni caer en la creencia engañosa de que nuestra generación es por ello mejor que las nos preceden o las que nos suceden. Superchería engañosa que emborrona el hecho de que, más allá del contexto en cada momento, todos pasamos por las mismas fases para descubrir quien somos y qué es la vida.