Moshé continúa su discurso final a los Hijos de Israel, prometiéndoles que si cumplen los preceptos de la Torá, van a ser prósperos en la tierra que están a punto de conquistar y de establecerse, cumpliendo así la promesa de Elohim a sus patriarcas.
Moshé también los reprende por los fallos en su primera generación como pueblo, recordando la idolatría del Becerro de Oro, la rebelión de Koraj, el pecado de los espías, su incitación de Elohim en Taveeirá, Masá y Kivrot Hataavá; "Tú has sido rebelde contra Elohim," les dice, "desde el día en que te conocí".
Sin embargo, también habla del perdón de Adonai y de las Segundas Tablas de la ley que Elohim escribió y les dio luego de haberse arrepentido.
Los 40 años en el desierto, les dice Moshé, durante los cuales Elohim los alimentó con el diario Man del cielo, fueron para enseñarles que "el hombre no vive solo de lejem, sino de la palabra de Elohim vive el hombre".