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Moshé continúa su discurso final a los Hijos de Israel, prometiéndoles que si cumplen los preceptos de la Torá, van a ser prósperos en la tierra que están a punto de conquistar y de establecerse, cumpliendo así la promesa de Di-s a sus patriarcas.

Moshé también los reprende por los fallos en su primera generación como pueblo, recordando la idolatría del Becerro de Oro, la rebelión de Koraj, el pecado de los espías, su incitación de Di-s en Taveeirá, Masá y Kivrot Hataavá; "Tú has sido rebelde contra Di-s," les dice, "desde el día en que te conocí".

Sin embargo, también habla del perdón Divino y de las Segundas Tablas de la ley que Di-s escribió y les dio luego de haberse arrepentido.

Los 40 años en el desierto, les dice Moshé, durante los cuales Elohim los alimentó con el diario Man del cielo, fueron para enseñarles que "el hombre no vive solo de pan, sino de la palabra de Elohim vive el hombre".

Moshé describe la tierra a la que van a ingresar como una tierra que "fluye leche y miel", una tierra bendecida por las siete especies (trigo, cebada, uva, higo, granada, aceite de oliva y dátiles), como el lugar que es el foco de la Providencia del Creador en el universo. Los manda a destruir los ídolos de los habitantes anteriores de la tierra, y a ser cuidadosos de no volverse soberbios y pensar que "mi poder y la fuerza de mi mano me dieron esta riqueza".