Queridos acólitos del terror, ¿Quien vive en el piso de arriba?
Los nuevos, los que se acaban de mudar... ¿No los conocéis?
Mudarse no siempre significa empezar de cero.
A veces es solo acercarse demasiado a algo que ya estaba ahí.
En este capítulo, lo cotidiano se vuelve irrespirable: paredes finas, rutinas ajenas, presencias que no encajan…
y una certeza lenta y asfixiante: no todos los vecinos parecen ser lo que son.
Y algo mucho más terrorífico aún es que acabemos convirtiéndonos nostros mismos en ellos.
Afinen el oído y péguenlo a los tabiques. Los nuevos vecinos acaban de llegar.