Hoy millones de chilenos salen a votar o de lo contrario, tendrán que pagar una multa. De no ser por el castigo monetario, no cabe duda que sería una de las votaciones menos concurrida de la historia. Hoy más que nunca las urnas de votación se aparecen como sus pares funerarias. Malos días para la democracia liberal chilena y afírmense que viene el iceberg.