Es bien sabido que Beethoven alcanzó las cimas más excelsas del arte de la música enfrentando el espectro de la sordera progresiva. A pesar de ello nunca dejó de crear; por el contrario, encontró nuevas formas de expresión musical cada vez más innovadoras, forjando música sublime… que él nunca pudo escuchar. Menos conocido es que haya realizado esa labor titánica con su organismo arruinado desde los veinticinco años por una implacable enfermedad intestinal, atormentado al final por los efectos del padecimiento hepático que acabó con su vida.