Un accidente interrumpe una mañana cualquiera y deja a un hombre en una cama, con la respiración entrecortada y la mente en un territorio donde los sentidos mandan: olores, sombras, pasos, el silencio de pasillo y un pulso que no se decide a calmarse. Durante poco más de veinte minutos, la voz y un paisaje sonoro mínimo acompañan ese tránsito incierto entre la fiebre y la vigilia, sin explicar más de lo necesario, sin revelar nada que el propio oído no quiera descubrir. Es una lectura íntima, cercana, que se pega a la piel: frases cortas cuando el miedo aprieta, pausas abiertas cuando la mente se despeña, y un hilo de sonido que no distrae, solo sostiene.
La propuesta está pensada para escucharse con auriculares y en quietud. No hay música invasiva ni efectos grandilocuentes: solo ambiente bajo, respiraciones, roce de sábanas y ese rumor de noche que a veces llega desde otra habitación. El objetivo es respetar la ambigüedad del relato y dejar que sea la interpretación —y tu imaginación— quien complete las zonas oscuras. Aquí no encontrarás explicaciones ni giros contados; encontrarás tensión sostenida, cercanía y una invitación a mirar de frente aquello que apenas se insinúa.
Este episodio, el 102 ya, forma parte de una serie dedicada a relatos clásicos en dominio público que siguen siendo poderosos cuando se escuchan a oscuras. Si te gusta la experiencia, comparte el episodio, guarda el enlace y cuéntanos qué otro cuento te apetecería escuchar en esta misma clave de intimidad y atmósfera. La duración está pensada para un trayecto corto, una espera, o ese momento en que la casa ya se ha quedado en silencio.
Nos vemos en el siguiente MB :)