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Antes de 1922, ser diagnosticado con diabetes tipo 1 era una sentencia de muerte. No existía tratamiento y los pacientes, la mayoría niños y jóvenes, solo podían esperar el desenlace. Todo cambió gracias a un equipo de médicos liderado por Frederick Banting y Charles Best, quienes lograron aislar y administrar insulina por primera vez en un ser humano.

El paciente fue Leonard Thompson, un adolescente de 14 años en estado crítico. Tras serle inyectada la insulina purificada, su cuerpo respondió y abrió los ojos. Poco después, pedía ver a sus padres.

Este descubrimiento no solo marcó un hito en la medicina, sino también un gesto de profunda ética: Banting y su equipo patentaron la insulina y la cedieron a la Universidad de Toronto por solo un dólar. Según Banting, “la insulina no me pertenece, le pertenece al mundo”.

Desde entonces, millones de personas en todo el mundo han podido vivir gracias a este avance. Esta historia no solo celebra la ciencia, sino también la generosidad y la compasión humana.

¿Qué te pareció la historia? ¿Crees que hoy día no hay generosidad... si no ganas de llenarse los bolsillos de billetes?

¿Nos vemos en el siguiente Memory!

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