Hay un momento en la vida de todo hombre que debe coger el toro por los cuernos y enfrentarse a su cruel destino: verse un exploit chusquísimo sobre un mapache asesino puesto de crack.
Una peli que, sobre el papel, podría ser divertidísima, pero que se queda en un quiero y no puedo, con dos partes muy diferenciadas: cuando hay mapache (que lo mola todo) y cuando no (que es un tostonazo).