Las personas que ayudan necesitan ser altamente competentes en el campo emocional, no solamente los terapeutas y coachs, también el profesorado, el personal sanitario y el de servicios sociales. Para ayudar a alguien que no se siente bien, hace falta que la persona “ayudadora” sepa como se siente ella misma cuando experimenta una emoción similar y tenga herramientas de gestión emocional, esto son las competencias emocionales, herramientas para aplicar la inteligencia emocional al mundo del trabajo.