UN HOMBRE
Un hombre no lloriquea por sus pérdidas.
Un hombre no se queja ni desespera,
ni protesta por el peso de sus cruces
pidiéndole a la vida una caricia.
Un hombre no trabaja rezongando
ni mira al trabajo como a una plaga;
un hombre no se burla de su prójimo
ni se escapa de una causa que es justa.
Un hombre no se enfada cuando otro
alcanza el éxito donde él ha fallado;
no retiene su alabanza por el hermano
que públicamente es aclamado;
ni pasa por el débil y el humilde
como si no proviniera del mismo barro;
un hombre no reniega incesantemente
cuando las cosas no salen como esperaba.
Un hombre mira a la mujer como tierna
y dócil, y está a su lado
en todo tiempo la cuida y la defiende
y nunca la desprecia ni se burla.
El hombre mira la vida como una misión.
Para servir, tanto como pueda;
un hombre tiene una noble ambición
vivir como un hombre sobre la tierra.
—EDGAR A. GUEST