Libranos del mal, es un documental que recoge el primer testimonio del padre O'Grady, un sacerdote católico condenado por pederastia. El prelado violó y sodomizó a cientos de ellos, niños y niñas, incluido un bebé de nueve meses.
El cura Oliver O'Grady era tan cortés en sus modales y tan tierno con los niños que los feligreses de su parroquia se disputaban su afecto. Le invitaban a cenar y a dormir en sus casas, convencidos de que tener un sacerdote en casa era una bendición divina. Por la noche, cuando todos dormían, O'Grady entraba en las habitaciones de los niños. Violó y sodomizó a cientos de ellos, niños y niñas, incluido un bebé de nueve meses. Su espiral de pederastia y los esfuerzos de la Iglesia católica de Estados Unidos por protegerle a él y a otros como él, están recogidos con testimonios turbadores en Líbranos del mal.
La película contiene otro documento inédito: la grabación de las declaraciones judiciales no sólo de O'Grady, sino también de sus superiores eclesiásticos. La comparecencia de Roger Mahony, que como obispo de Stockton (California) trasladaba a O'Grady de parroquia cada vez que surgían denuncias de abusos a niños, demuestra una capacidad sorprendente para ocultar u olvidar los pecados propios. Que Mahony fuera después ascendido a arzobispo y más tarde a lo que es hoy, cardenal de Los Ángeles, permite que alguien en el documental se atreva a acusar a la Iglesia católica de comportarse "como la Mafia", tal y como dice el ex Gobernador de Oklahoma Frank Keating, que investigó sin éxito la indiferencia de la jerarquía eclesiástica ante las acusaciones de pederastia.
O'Grady acabó destituido como sacerdote, encarcelado por delitos de violación y deportado a su Irlanda natal cuando cumplió la mitad de los 14 años a los que fue condenado. Ahora recibe una pensión gracias al fondo que le contrataron sus superiores en la Iglesia; el documental sugiere que esta pensión es el agradecimiento por no haber declarado contra Mahony y haberle permitido así llegar a cardenal. En la película, O'Grady habla del "apoyo" que le brindó siempre Mahony y la satisfacción de éste al creer "que habían arreglado discretamente otro problema".
En Líbranos del mal, O'Grady pasea por las calles de Dublín y se para a mirar a niños que juegan en parques y patios de colegios. Parece extrañamente ajeno a la repugnancia que generan los delitos que cometió y habla de sus actividades como depredador sexual como si fueran una simple afición. "Yo sólo quería abrazar a los niños porque los quería", dice mirando a la cámara. Habla después de cómo "abrazar" y "mostrar afecto" se convirtió en "tocar". Durante 20 años, desde 1973 hasta su ingreso en prisión en 1993, O'Grady abusó sexualmente de cientos de niños y niñas. En ese periodo, el sacerdote fue trasladado de parroquia en varias ocasiones; a quienes alertaron sobre su comportamiento se les garantizó que el padre O'Grady no tendría contacto con niños en su siguiente destino.