Listen

Description

Un ranchero de Metepec atrapó vivo en una trampa para ratas a un ser gris del tamaño de un gato grande, con colmillos largos, sin pelo y extremidades como de humano. Lo ahogó en un balde porque “gritaba como bebé y olía a azufre”. 

Lo conservó en formol y lo mostró a la prensa. Los veterinarios no pudieron clasificarlo: tenía cerebro humanoide, columna vertebral articulada y dientes que no correspondían a ningún animal conocido. Dos semanas después el ranchero y su familia empezaron a enfermarse y a ver sombras que los empujaban por las escaleras. Quemaron el cadáver y aún hoy nadie entra solo a esa casa.