Un apetito que destruye es un deseo desordenado e insaciable que, cuando no se rinde a Dios, termina consumiendo la vida espiritual, emocional y relacional de una persona. No se trata solo de pecados visibles, sino de anhelos internos que toman el lugar de Dios: orgullo, control, reconocimiento, poder, validación, placer o incluso ministerio sin intimidad.
La Biblia nos recuerda que no todo apetito edifica. Cuando el hambre del alma no es satisfecha en Cristo, buscamos llenarnos con cosas que prometen satisfacción pero dejan vacío y destrucción. Un apetito que no es gobernado por el Espíritu produce agotamiento, confusión y separación de la voluntad de Dios.
Pero hay esperanza: cuando rendimos nuestros deseos a Jesús, Él transforma el apetito que destruye en un hambre santa que da vida, libertad y restauración.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” — Mateo 5:6
Hosted by Simplecast, an AdsWizz company. See pcm.adswizz.com for information about our collection and use of personal data for advertising.