Al poco de mezclarla con meridiana solvencia, ofrecí esta canción para la escucha una vez ya intuía por dónde iba a dirigirse hasta su conclusión. Ahí pondré un interludio, ahí el solo, ahí una repetición... Y, finalmente, una despedida inesperada: muy acorde con el sentir del tema. Se trata de una canción que no me ha costado componer (aun teniendo en cuenta su duración y aparente complejidad). Esto es así porque brotó, igual que un río, directamente del corazón. Devastado por la reciente muerte de mi padre, tenía que contar un poco de su historia (que también es la mía) a la manera de un poema épico debidamente musicado. Después de permitir que sea la música la que, de manera irracional, salga por mis dedos y arme una estructura completa de ritmo, armonía y melodía (una composición), la narración, las palabras, surgieron como si viajaran por el aire y yo solo tuviera que cogerlas y amoldarlas a una métrica. Lo realmente complicado, como siempre, lo único que es racional en este proceso, ha sido la mezcla: dar con el equilibrio perfecto entre los diversos instrumentos para que, sin perder el conjunto su decidida fuerza, se escuche cada uno con la merecida claridad. Espero haberlo logrado.
PERSONAL:
JFC- GUITARRAS ELÉCTRICAS, VOZ Y COROS
LUIS PINÓS- GUITARRA ACÚSTICA Y COROS
MANOLO CALOMARDE- FLAUTA
FCO. GARCÍA ZAPA- BAJOS
SEBASTIÁN TOLOSA- BATERÍA Y PERCUSIÓN