Así como podemos ver que la luz resplandece en medio de una noche muy oscura, podemos ver a Dios y podemos disfrutar de su paz y reposo, si tan solo le abrimos la puerta de nuestra vida.
Esta bendición solo puede ser heredada por aquellos que se han reconciliado con Dios mediante Jesucristo.
Otra manera de decir que hemos abierto la puerta de nuestra vida a Dios y le hemos recibido para cenar con Él en comunión y amor, es decir que nos hemos rendido y entregado a Él.