Así como una casa tiene una puerta de entrada y todas las personas entran por ella, de la misma manera, para experimentar el milagro el perdón de nuestros pecados y tener un encuentro con la gracia de Dios, debemos entrar por la puerta principal llamada: Arrepentimiento.
En palabras más sencillas, el arrepentimiento abre nuestro corazón a la gracia de Dios y atrae la bendición de Dios a nuestra vida. Sin embargo, aquel que no se arrepiente de sus pecados y vive con un corazón obstinado, no puede conocer la gracia divina. Tal persona se ha cerrado a sí misma la puerta de gracia.
Dios, aún hoy, nos habla con una tierna voz y nos dice: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia y será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).