La necesidad fundamental del hombre es Dios. Separados del Señor nuestras fuerzas se agotan, nuestra mente se extravía y nuestro corazón se quebranta. Por esta razón necesitamos acercarnos a Dios.
Aunque en un principio el hombre gozaba de la abundante gracia y bendición de Dios, quedó expuesto ante los males de este mundo por causa del pecado. Desde entonces, el hombre añora esa paz y ese reposo que gozaba en el Edén, cuando caminaba junto a Dios.
A pesar de todo esto, la puerta de la gracia está abierta y la campana de la misericordia resuena para invitarnos a venir ante Dios. El Señor, desea cubrir nuestras vidas nuevamente con su gloria, pues para ello envió a Jesucristo al mundo, para reconciliarnos con Él.