Todas las relaciones afectivas se basan en el conocimiento.
En otras palabras, para que abunden el amor, la confianza y el respeto en una relación, primero se debe cultivar el conocimiento y el compañerismo.
Es imposible amar o llegar a confiar en alguien a quien no conocemos.
Algo similar sucede en nuestra relación personal con Dios.
Es imposible llegar a confiar en Dios, amarlo y obedecerlo, si en primer lugar no le conocemos y tenemos compañerismo con Él.