Si ante una puerta cerrada no nos desesperamos ni nos entregamos a la depresión, sino que doblamos nuestras rodillas y oramos con fervor a Dios, entonces, Él nos muestra el camino al que debemos ir.
¿Se ha cerrado una puerta ante usted? No decaiga. No se debilite. Es momento de arrepentirse de sus pecados y buscar al Señor de todo corazón.