El corazón del hombre es como una vasija. En ella guardamos nuestra personalidad, nuestros pensamientos y sentimientos más profundos, nuestros anhelos y también nuestras experiencias.
Uno de los elementos más importantes que se guardan en el corazón es la convicción. Esta última, es lo que define nuestra vida y decide el rumbo y el camino que elegimos a diario. Por esta razón, la convicción es un elemento determinante.
Se puede decir que dependiendo de las convicciones que haya en nuestro corazón, así será nuestra vida. Proverbios dice acerca del hombre: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (23:7). Los hijos de Dios deben distinguirse por vivir acompañados de convicciones diferentes a las del mundo. Convicciones arraigadas en Dios.