Como hijos de Dios, si queremos que nuestra vida tenga el brillo de la esperanza y la felicidad, debemos evitar ciertos caminos que pueden arrastrarnos a la amargura y al fracaso.
Entre ellos se encuentra el camino de la ansiedad y la preocupación.
Debemos evitar esta senda con la finalidad de nos destruirnos mental y emocionalmente.