Cuando comenzamos a conocer a Dios, nuestro corazón es renovado, recibimos nuevas fuerzas y tenemos un entendimiento diferente de la vida.
Aunque enfrentamos adversidades y dificultades, ya no nos sentimos débiles ni desvalidos, sino que vamos confiados y seguros.
Toda persona que se dedique a conocer a Dios, no podrá menos que fortalecerse y tener confianza.