¿Sabía usted que cuando la mente de una persona está fracturada por el afán y la ansiedad es imposible alcanzar la felicidad y tener paz? Además, quienes viven bajo el yugo opresivo de la preocupación tienden sufrir más en sus relaciones personales y sus familias son constantemente heridas.
Como resultado, esta clase de personas se caracterizan por la tristeza, la soledad y la amargura. Como aquel hombre que se extravió en el desierto y busca desesperadamente un poco de agua para apagar su sed, así nuestra alma está en busca del descanso, el reposo y la paz.
Entonces, ¿en dónde podemos encontrar tal paz y quietud? El lugar en donde verdaderamente podemos descansar es en el Señor. Venga hoy a Cristo. Solo en Él está el manantial de paz y bendición.