La fe verdadera no es una motivación personal, sino que viene como resultado de oír la Palabra de Dios.
A través de la fe podemos vivir sin temor al futuro, porque nos otorga la convicción de que las promesas y la bondad de Dios nos esperarán tanto en el día de hoy como en el porvenir.
Es por esta razón que es de suma importancia ejercitar nuestra fe. Porque solo los que viven por fe, pueden agradar a Dios.