Mientras pensamos que podemos resolver nuestros problemas por nuestros métodos y nuestra fuerza, yo pregunto, ¿no estamos todavía llenos de soberbia?
Solo cuando miramos a Dios por fe y decimos como el salmista: “Mi ayuda proviene del Señor, Creador del cielo y de la tierra” (Salmo 121:2), solo entonces podemos decir que nos hemos humillado delante de Él.
Para que uno pueda dejar sus preocupaciones en manos de Dios, es necesario comprender que Él tiene un profundo interés en ayudarnos con nuestras cargas.