Cuando recibimos el trato de parte de Dios, nos volvemos pacificadores, evitamos caer en conflicto con otras personas y ya no peleamos en nuestras propias fuerzas sino que dejamos que el Señor dirija nuestros pasos.
Mis amados, dejen toda situación en las manos de Dios.
No peleen en sus propias fuerzas.