Para poder confiar en Dios, primero tenemos que conocerle. Naturalmente, es imposible confiar en alguien a quien no conocemos. Nadie le confía a un desconocido las cosas que son importantes.
Lo mismo sucede en la vida espiritual. No podemos confiar en un Dios al que no conocemos. Sin embargo, todo cambia cuando entramos en una relación personal con el Señor y crecemos en Su conocimiento. Entre más le conocemos, más le confiamos nuestra vida. La confianza depende del conocimiento.
Por definición, la persona que confía en Dios es una persona feliz. La confianza nos da felicidad, nos da seguridad, nos da estabilidad en la vida. Por esta razón, debemos desarrollar nuestra confianza en Dios a partir de conocer más cada día.