El Salmista David, sobrecogido por el amor y la gracia de Dios, elevó la siguiente oración a Dios: “3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, 4 digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” Lo anterior se encuentra en el Salmo 8:3-4.
David había experimentado de primera mano la gracia de Dios y su misericordia, al haber sido salvado, restaurado, protegido y ayudado por Dios en incontables ocasiones a lo largo de su vida.
Por esta razón, abrumado por tal misericordia y gracia, le preguntó a Dios: “¿Quién soy para que tú me ames así?”. Ciertamente, el Dios de la Biblia es un Dios de misericordia y amor sin límites, que se acuerda de nosotros y tiene interés en nuestras vidas.