Antes de bendecirnos, de concedernos el éxito que anhelamos, Dios tiene que prepararnos.
Todo esto con la finalidad de que podamos disfrutar plenamente de su bendición y que podamos ser buenos administradores, una vez que hayamos madurado.
Así que, antes de que Dios conceda el éxito a una persona y que le permita el crecimiento en su vida personal, lo que Dios hace es que la prepara.