Como hijos de Dios, debemos tomar una postura frente a la vida. Debemos elegir entre ser personas que viven abrazando el temor y el negativismo, o ser personas que abrazan la fe y tienen esperanza.
Esta es una decisión que cada persona debe tomar en lo individual. Dios quiere que seamos personas de fe. Él no quiere vernos entregados al fracaso. Por eso, cuando usted opta por la fe y anda sobre el camino de la esperanza, los milagros comienzan a suceder en su vida.
Hoy, aunque tenemos desafíos y problemas delante de nosotros, Dios está a nuestro lado, por cuanto hemos recibido a Cristo. El hecho de que haya aparecido un problema en su camino, no equivale a que Dios le haya abandonado. Él está con usted ahora mismo.