En la vida, hay momentos en los que debemos orar y otros momentos en los que debemos actuar. Saber identificar el momento adecuado en el tiempo oportuno, es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso en esta vida.
Así como en la guerra hay un momento para planear la estrategia y otro para salir al campo de batalla, también en la vida cristiana hay un momento para estar arrodillados clamando a Dios y buscando su rostro, y otro momento para ponernos de pie y tomar decisiones importantes.
Si combinamos la oración y la acción, los resultados pueden ser extraordinarios. Algo similar sucedió en la vida de Moisés, quien se encontraba frente al desafío del Mar Rojo. Después de orar, avanzó confiado en Dios y un asombroso milagro tuvo lugar. Hoy es el día de nuestro milagro.