Cuando nos acercamos a la cruz de Jesucristo cada día, por medio de la fe, y esperamos delante de Dios, también seremos revestidos de poder espiritual para perdonar y cubrir las faltas de otros.
En síntesis, hay que confiar en el Señor, a fin de ser amables y misericordiosos con todos.
Recuerde siempre, el gran principio de una vida plena: El perdón nos guiará a la paz.
Si usted practica este principio a partir de hoy vivirá en plenitud, en felicidad y alcanzará aquella paz tan anhelada que nuestro ser necesita.